Una visión realista sobre la permisividad de los paraísos fiscales

Una visión realista sobre la permisividad de los paraísos fiscales

Los paraísos fiscales forman parte de una estrategia que parece deliberada, dentro de la lucha de las grandes potencias, para mantener su supremacía en el contexto económico global, ya que estas jurisdicciones les permiten beneficiarse de los gigantescos flujos internacionales de capital, independientemente de que sean de origen santo o no tan santo, ayudándoles a mantener la continuidad de su influencia económica y política en un orden mundial siempre cambiante y dinámico.

Inicialmente, podríamos citar algunos ejemplos que revelan que, con una fachada de independencia, ciertos territorios funcionan en gran medida bajo el control de las grandes potencias, o al menos, con una marcada influencia de éstas, como podrían ser los siguientes casos que, entre otros, mencionan al profesor e investigador francés sobre el tema, Vincent Piolet, en su libro “Paradix Fiscaux Enjeux Geopolitiques”, publicado en 2015, a saber: la Mancomunidad de las Bahamas, con su capital representativa Nassau, frente a los Estados Unidos de América, país sobre el que el gigante americano ejerce una fuerte influencia, a pesar de pertenecer a la Mancomunidad Británica de Naciones; los Principales de Mónaco y Andorra, frente a Francia; las Islas Anglonormandas o las Islas del Canal de la Mancha, frente a Jersey o a Man, frente al Reino Unido; el Principado de Liechtenstein, frente a Alemania; Hong Kong y Macao, frente al gigante oriental, frente a Chipre, frente a Rusia.

Asimismo, cabe mencionar a Suiza, Holanda y Luxemburgo, países europeos con connotaciones diferentes a las de los casos anteriores, pero que, ciertamente, constituyen juridiscencias que son consideradas por los grandes holdings, las multinacionales y los ricos del mundo, como territorios que les permiten abrigar para estructurar no sólo operaciones de optimización fiscal, sino incluso y sobre todo, la posibilidad de ocultar, bajo el manto del secreto, operaciones de evasión fiscal.

Finalmente, podríamos mencionar tantas otras situaciones que, aunque no sería tan claro clasificarlas como influenciadas exclusivamente por algún poder económico, sin duda cumplen con las principales características que definen a los territorios clasificados como paraísos fiscales en el mundo.

Podríamos decir que el beneficio es mutuo, por un lado, los ricos del mundo, personas naturales o jurídicas, incluyendo holdings y grandes multinacionales, en un ejercicio a veces lúcido de las finanzas offshore, pero en la mayoría de los casos con fines menos lúcidos, justos o apropiados, encuentran la manera, sin obstáculos, de llevar a cabo optimizaciones fiscales agresivas€ o de estructurar planes claros de evasión fiscal, indudablemente gracias al secreto bancario y fiduciario y, por otro lado, estos territorios conocidos como paraísos fiscales, en la mayoría de los casos, sin recursos internos suficientes, mejoran las posibilidades de sus propias economías e incluso logran registrar una renta per cápita cercana a la de los países ricos del mundo.

Sin embargo, los paraísos fiscales permiten realizar operaciones ficticias, que generalmente se realizan con el propósito de reducir ilegalmente el valor de los impuestos en las jurisdicciones de los diferentes países de origen de estas capitales, generando altas pérdidas fiscales en países con altas necesidades redistributivas y de inversión social, destruyendo así la posibilidad de lograr una mejor justicia social en el orden mundial.

Ahora bien, aquí vale la pena referirse a la gran cantidad de información filtrada, pero que seguramente no será procesada, al menos fácilmente, en su totalidad, obtenida de las fuentes que dieron lugar a los dos grandes escándalos mediáticos conocidos como Panama Papers y Paradise Papers que, para algunos estudiosos serios de estas materias presenta diferencias, ya que según estas opiniones en el primer caso era evidente que se trataba de una cuestión de evasión fiscal y lavado de activos y, en el segundo, se podía identificar más con estrategias de “optimización fiscal”, a través de operaciones declaradas y legales.

Sin embargo, con lo que se ha conocido hasta ahora de las investigaciones realizadas, cabe señalar que, en cualquier caso, estas operaciones offshore siempre siembran y sembrarán dudas, debido a su propia naturaleza y a la escasa transparencia, independientemente de la excelencia, distinción o calidad de los implicados. Pero tampoco se puede ignorar que estas operaciones pueden deberse en algún momento a la necesidad de garantizar la discreción y seguridad de las partes interesadas o, simplemente, a la realización de esquemas legales y sofisticados de optimización fiscal, pero que al final, también contribuyen a que grandes sumas de dinero escapen al pago de impuestos soberanos en los países de origen de esas fortunas.

Por otro lado, algunos especialistas e investigadores afirman que todo el marco que se ha observado en Panama Papers y Paradise Papers, a través de las operaciones offshore, es decir, off-shore, hoy en día, es también onshore, es decir, inland, en países donde hoy en día las grandes operaciones se llevan a cabo bajo el secreto del llamado Trust€, citando específicamente los estados de Nevada, Delaware, Dakota del Sur, Alaska y Nueva York en los Estados Unidos de América.

En este complejo contexto, la Unión Europea (UE), el 5 de diciembre de 2017, publicó una lista de 17 países considerados paraísos fiscales, según indicó Pierre Moscovici, de la Comisión Europea, antes de la reunión de los ministros de Finanzas de la UE, Estos son países que, a pesar de diez meses de diálogo, no asumieron los compromisos necesarios€, o, como lo indicó el ministro de Economía francés de Francia, Bruno Le Maire, no hicieron lo que era necesario para luchar contra la evasión fiscal€. (Comentarios recibidos el 18 de diciembre de 2017, a las 6:51 horas, de la publicación de noticias HUFFPOST en asociación con el Grupo Le Monde, en el siguiente enlace de Internet: http://www.huffingtonpost.fr/2017/12/05/la-liste-des-paradis-fiscaux-comporte-17-pays-selon-lunion-europeenne_a_23297286/).

A diferencia de lo que se ha señalado en el párrafo anterior, cabe destacar que por primera vez la UE está emitiendo una lista negra€ de jurisdicciones no cooperativas€, es decir, paraísos fiscales, acompañada de una lista gris de países que han aceptado los criterios europeos, por lo que, por su interés en mejorar, sólo se les ha puesto sub-vigilancia€, infundadamente, a pesar de que existen jurisdicciones claramente merecedoras de ser clasificadas como paraísofos fiscales, ningún país de los que componen la Unión Europea forma parte de esa lista negra.

Así, Irlanda, los Países Bajos, Luxemburgo y Suiza no fueron incluidos en la lista negra, ni Hong Kong, las Islas Anglonormandas o Anglo-Normandas, ni el Estado de Delaware en Estados Unidos, ni las Islas Caimán, que se considera que han jugado un papel importante en la crisis económica de 2008, entre tantos otros territorios, que para muchos merecen aparecer, destacando los límites que se pueden esperar de un organismo político como la propia Unión Europea.

Sin embargo, si en aras de la buena fe tuviéramos un sentimiento optimista, se podría argumentar que se trata de un primer esfuerzo y que se podría esperar una evolución más estricta de estas listas, pero, hasta que esto ocurra, lo que está quedando claro es que, dentro de la UE, sigue existiendo una actitud de permisividad, tolerancia y autocomplacencia en relación con determinados paraísos fiscales considerados amigos.

A pesar de todo, habría que esperar la orientación que se dará al respecto en organismos como la OCDE y las recomendaciones que surjan para luchar contra la optimización fiscal agresiva€, aunque de lo que se ha visto hasta ahora, la realidad práctica dificulta homogeneizar el tratamiento contra todos los territorios considerados paraísos fiscales en el mundo, entre otras razones, debido a la influencia que ejercen determinadas potencias, los países interesados y, en general, los territorios afectados que buscan tratamientos menos drásticos para sus países.

Así están las cosas, hasta que las diferentes organizaciones internacionales, con la participación real y efectiva de los poderes económicos, establezcan una política clara, transparente y homogénea para vetar los territorios considerados paraísos fiscales. En realidad, los avances que se puedan conseguir serán muy limitados y se mantendrá el tratamiento complaciente de jurisdicciones que favorecen la optimización fiscal agresiva, la evasión e incluso las operaciones de blanqueo de capitales, en detrimento de las posibilidades de obtención de ingresos fiscales, la gestión equitativa de los impuestos y la misma redistribución de la riqueza dentro de los distintos países.

Pues bien, en relación con los paraísos fiscales siempre encontraremos defensores y críticos e incluso poderosos grupos de presión que los apoyen, pero la verdad es que son jurisdicciones que permiten la evasión fiscal, con el consiguiente castigo de los ingresos fiscales en muchos países y, en el peor de los casos, facilitan indiscriminadamente el blanqueo de activos de todo tipo de dinero criminal en el mundo.

Así, mientras los poderes económicos que tienen posibilidades reales de limitar la actividad de los paraísos fiscales, forman parte de los países interesados en aprovechar esos grandes flujos de recursos internacionales que buscan refugio en jurisdicciones complacientes, proponen y exigen hipócritamente políticas drásticas para combatir la evasión, pero en sus propios territorios, cualquier esfuerzo realizado, incluso dentro de instituciones del tamaño de la OCDE, o el uso de instrumentos como la inclusión de conceptos como precios de transferencia, acuerdos de información, listas incompletas y parciales de paraísos fiscales, entre otros mecanismos, es evidente que estos esfuerzos limitados serán insuficientes e inútiles y por lo tanto la situación actual se mantendrá indefinidamente.

José Alfredo Moncayo Arenas

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