Traición dialogante [Opinión]

Traición dialogante [Opinión]

Primera parte: La manifestación de los vestidos blancos

España vive una escalada de acontecimientos cada vez más rojos, sobre todo en relación con el problema de Cataluña. En las últimas semanas no hay descanso. El sábado, como sabemos, se convocaron y celebraron dos manifestaciones en Madrid; una por la unidad de la Nación Española en la Plaza de Colón y otra en Cibeles, aparentemente por el diálogo, la gnosis de la democracia€.

Es realmente asombroso cuando un país se juega su unidad en tales despliegues de activistas. Ya no se trata de la existencia de dos formas de entender el patriotismo. La manifestación por el diálogo provenía de otras vías y tenía todos los elementos de los bufones y de los kafkianos y por tener: la oscuridad de los intereses privados perniciosos, el maneamiento de las masas febriles, la defensa de los ideales vaporosos y el sectarismo hacia los vecinos y compatriotas. Porque mientras que la primera manifestación tenía un propósito muy claro precisamente evitar el FIN de España, la segunda no tanto, porque ¿es el diálogo un fin? Nunca lo ha sido y no puede serlo.

Por lo tanto, hay dos posibilidades: a) se utiliza como medio en busca de un fin, b) es (o fue) un fin en sí mismo para los activistas: una especie de alternativa al patriotismo, tan volátil como evanescente. La etimología, tan denigrada por la modernidad semántica, dice que el diálogo en su sentido más primario es un modo de comunicación verbal entre dos o más personas, esto lo hemos estado haciendo durante más de 50.000 años, incluso los simios tienen su propia comunicación, pero incluso los simios son conscientes de su uso con un propósito.

La pregunta es: ¿fueron los activistas de la manifestación alternativa (no sé si decir presimiesca) claros sobre la suya? El diálogo puede ser un gran afluente que conduce al río de la armonía y otros parabienes pero en España todos los que lo imploran han convertido a nuestro país en un puñado de aguas estancadas, refugio habitual de golpistas, trileros, oportunistas y todo tipo de seres inescrupulosos.

Diálogo es una palabra que hoy está en boca de un todogurúa político que ahora está siendo buscado para una novia política; la mediación. En este caso, quizás sea ese segundo significado post-simiesca el que nos preocupa: un diálogo como herramienta para que un pastel salomónico subaste a España sin romperlo oficialmente. Cambios en la distribución de la torta que ciertamente no proporcionarán un poco para los llamados al manifiesto alternativo, pero como buenas palomas blancas hicieron su trabajo dividiendo para cortar el movimiento en defensa de la nación.

Es llamativo que miles de personas no apoyen a sus compatriotas en Colón y se sumen a una movilización alternativa bajo el lema parlem-hablemos€, que aboga por sustituir la ley por el diálogo, y que no les benefició en absoluto como españoles, ni como ciudadanos. Según diversas informaciones, la Open Society de George Soros está detrás de la promoción y financiación del ogro para hablar por hablar, aunque los promotores pertenecen al podemismo (sólo hay que ver el nombre de tal iniciativa, “vamos”).

Pero el podemismo junto con la iniciativa no es más que un movimiento de pantalla sin más dirección que la que otros seres, más desacertados pero menos primarios, han fijado. A esto hay que añadir toda la parafernalia, bastante reveladora, de los vestidos blancos, las llamadas a la paz y todo tipo de elogios a la falsa fraternidad universal€?¦conformando un mensaje que huele a naftalina. De hecho, en esas palabras pacifistas y fraternas, cualquier propósito es posible, no importa cuán oscuro, no importa cuán ilegítimo pueda ser, no importa cuán irracional pueda ser. Es un producto casero de diseño externo, etiquetado con una de las muchas marcas blancas del mundialismo que sabe cómo guiar a las manadas políticas cuando sopla el viento.

El 8 de octubre se convocó a una manifestación para la defensa de la nación, contra los que quieren cortarla, destruirla y subvertirla; Nos encontramos con otra que exige diálogo en vez de cumplimiento de la ley, en vez de igualdad para todos los españoles ante la ley, en vez de igualdad y solidaridad entre todas las regiones de España, en vez de denunciar la persecución que sufren los catalanes que se sienten españoles, en vez de defenderse contra los ataques a la nación española, en vez de luchar contra las intoxicaciones históricas, en vez de protestar contra las capuchas y los paripés de la clase política a expensas de nuestro país y, en última instancia, en vez, en vez de defender a ESPAÑA como Estado, como nación y como comunidad.

En cambio, el panorama era una manifestación de las palomitas blancas que funcionaban como aves domesticadas, mientras que los globalistas sacaban las redes en un río revuelto. Cuando los humanos se parecen más a los pollos que a los simios en su comportamiento, su esencia se encuentra en un estado de alerta roja. Peligro de estancamiento. Los manifestantes de Cibeles deberían reflexionar, porque mientras la gente no recupere la noción de la verdad actual, los promotores del diálogo mantendrán a España (o lo que queda de ella) estancada.

Segunda parte: El requisito

La segunda parte del diálogo, como por ejemplo deidadde vida política y social, fue liderada por el Sr. Rajoy, quien envió la pregunta al golpista Puigdemont sobre si ya ha declarado o no la Independencia. El servidor entiende que las medidas deben ser tomadas a través de canales legales pero el servidor no entiende por qué preguntar si el catalanista sedicioso ha hecho lo que ha hecho, entre otras cosas porque lo ha promulgado a los cuatro vientos.

Normalmente tal paripé sólo tiene lugar en los robos con rehenes para ganar la batalla psicológica. Aquí los rehenes son los españoles y los que han secuestrado a la nación son todas las partes en diálogo, no hay más que los rehenes que luchan por la libertad que no les será concedida por sus interlocutores.

El sedicioso se dedica a agotar los términos legales con el consiguiente engaño al gobierno (quién sabe si previsto y ya acordado en el guión) y humillación a la nación contra la que ha delinquido. El supuesto buen policía (en realidad un policía grouchomarxista) se aferra al último obstáculo legal para no detener al convicto mientras espera su respuesta, después de dialogar (de nuevo) con el líder de la oposición, el aspirante a policía federalista, diálogo que acuerda prerrogativas sustanciales para los convictos y sus compinches.

Mientras el jefe condenado pide mediación, se expresa a través de las redes sociales y ofrece el silencio para obtener una respuesta, el presidente del gobierno le insta a retractarse de lo que ha hecho declarando que no lo hizo y que nunca estuvo allí, a volver al diálogo (incluso en la sopa).

Más tarde, el ladrón del Estado contesta que pasó por allí, sin decir qué, nicuando, ni cómo, pero que sí, también quiere DIALOGO! Gran word, sobre todo si sabemos lo que significa en este contexto: un acuerdo para seguir manteniendo la tiranía nacionalista en Catalunya, pero como en los últimos 40 años, dentro de España, para seguir manteniendo a los millones de catalanes no nacionalistas fuera de la ley y mantener al resto de los españoles contra la pared.

Sobre todo porque los poderes soberanos y las compensaciones económicas injustificadas aumentarán para aquellos que han perpetrado un golpe de Estado. Profundizará en los agravios y miserias que amenazan a nuestro país, pero no importa, lo que importa es mantener como propias las estructuras de poder que los españoles han estado encadenando dulcemente durante décadas bajo la musicalidad de ciertas palabras convertidas en deidades: la democracia, el Estado de Bienestar, el Estado de Derecho, y ahora el diálogo.

Independientemente del plan, el método tampoco se desperdicia. ¿Se imagina a un delincuente declarado al que se le dan varios plazos para elegir si ha cometido o no el delito, y que al mismo tiempo se le aconseja que responda no para que no se le aplique el Código Penal, para dialogar y llegar a un acuerdo? ¿Se imaginan a la policía atrapando a un ladrón en fragancia y pidiéndole que vuelva al marco de la legalidad, €” se un buen chico, devuelve el dinero y no ha pasado nada aquí, y luego negociamos sus demandas€”.

Pero la cosa no termina ahí; el ladrón responde: Al mismo tiempo, el poligonal está cocinando una marca de terciopelo rojo de la casa (o mejor dicho, de la casta) para el ladrón, como ha acordado con el policía federalista. Gobierno de oposición y golpistas jugando al surrealismo, para montar su gran cambalache y abrir las tragaperras de la Constitución y todos los buenos españoles.

A todo esto, los abogados penalistas tiemblan porque el Presidente del Gobierno los va a dejar sin trabajo mientras el Estado de derecho se desmorona como una caña de azúcar. Aunque no hay motivo para alarmarse, la democracia en nuestros días consiste esencialmente en aplicar la ley con mano dura en asuntos de la plebe y con la mano extendida en asuntos de política -cuando se trata de mantener a flote el sistema que sostiene a una clase dominante cuyo único objetivo es mantener el statu quo . Para ello, es esencial saber a quién se debe aplicar la ley en su totalidad y sin contemplaciones y a quién no se debe aplicar. Por lo demás, la Ley es igual para todos, lo que no es igual es su aplicación.

Los chicos de Blanquerna, entre rejas por desorden público y algunos temblores, estarán expectantes, no se les exigió en ningún momento, fueron juzgados y encarcelados, se les aplicó la ley sí, y no hay que ser muy perspicaz para imaginar la frustración que les inundará en este momento para ver qué pasa con Puigdemont, Trapero y compañía. Una ley puede no ser justa, pero la posibilidad se convierte en seguridad cuando la norma se aplica selectivamente, en este caso con un brindis por el diálogo.

Eduardo Gómez

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