Sueños y consuelos de Simón Bolívar (Centralizar divisiones políticas en Colombia)

Sueños y consuelos de Simón Bolívar (Centralizar divisiones políticas en Colombia)

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Es evidente que en el contexto de la controversia que atraviesa la historia del semillero del que brotará la génesis de los partidos políticos en Colombia, la decepción ecuménica de Simón Bolívar sigue resonando como un eco de tiempos pasados: Aré en el mar y edifiqué en el viento.

Sin embargo, tal vez hoy sea arriesgado pretender que Bolívar ha venido a expresarse, ya anciano y enfermo, en el sentido de un desencanto de la “gestación de liberación” . , ya que no sólo el objetivo de su lucha ya era un hecho histórico, la liberación de Sudamérica de la corona española, sino sobre todo si se tienen en cuenta algunos hechos cruciales a la hora de justificar las motivaciones que subyacen al colapso de su gran sueño: Gran Colombia (fuerte confederación de naciones que agrupó las tres territorialidades que hoy albergan a Colombia, Venezuela y Ecuador, idealizó hontanar en el lejano anhelo de la gran patria unida. para nunca, la ironía vale la pena).

En este sentido, y con la carga de la polémica ignición en este sentido, puede que no sea arriesgado avanzar en la hipótesis de una cierta “tranquilidad de la conciencia”. del Libertador, al pie de sus reflexiones póstumas (cuya hiel se puede saborear gracias al magnate de García Márquez en su espléndida novela histórica El general en su laberinto ).

De hecho, el hecho de que varios historiadores ya hayan concluido que tal vez el fracaso de la Gran Colombia consistió, más que el apetito descerebrado por la codicia por el poder de sus progenitores, en que el ideal de Bolívar era tan utópico que, por esa misma razón, era un sueño sólo posible en términos de cierto realismo fantástico. el mismo que nos abortó en el deseo supremo nacional profético de eso: Las razas condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad en la Tierra€ , según García Márquez.

Por la misma razón, entre otros argumentos en este sentido citamos de cierta fuente el razonamiento según el cual: El economista Dustin Tahisin Gómez explica que el proyecto Bolívarno era viable porque la Gran Colombia se rompió con la guerra de la independencia y, aunque era rica en productos, específicamente de la agricultura, no había caminos ni medios para llevarlos a los centros de acopio ni para promoverlos€

.

Y como complemento racional, me viene a la mente en tal contexto de un Bolívar en la calma de su tranquila conciencia , deslizándose el general en su laberinto , si reflexionamos sobre el hecho de que en días cercanos a su muerte expresó lo que podría considerarse su gran profecía, según se preguntaba el trágico destino de la filosofía de la historia: Por qué, por qué en cada colombiano hay un país enemigo?.

La inquietud que salta a su vez al primer plano es coherente al conjurar que tal nivel de lucidez sobre la génesis del desastre de su utopía transhistórica, tanto más podría encajar en su certeza más arraigada al reconocerlo: La incapacidad de Bolivar para tratar con Santander nos ha perjudicado a todos€, , como escribió Bolívar en los últimos alientos de su agitada existencia al general Rafael Urdaneta.

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Ahora, en la perspectiva siempre truncada entre nosotros, incluso a nivel nacional, de centralizar las divisiones políticas para que las voluntades converjan en un proyecto de unión americanista cultivar esa fraternidad no sólo cuidando no sólo de lo que más nos une, sino sobre todo respetando nuestras diferencias mutuas, la cuestión más fundamental sería: ¿Cuáles fueron las razones más fuertes de la creciente rivalidad entre Bolívar y Santander?

Pues bien, casi todos los historiadores coinciden en que se trataba, por un lado, de las tensiones provocadas por el apoyo a la campaña de independencia (Bolívar en el campo de batalla esperaba la administración económica de la Nueva Granada, por parte de Santander, la financiación de los recursos para la exitosa realización de la Campaña de Liberación).

En este sentido, ¿es posible demostrar, como parece sugerir Héctor Pineda en su artículo Disolver los partidos políticos€, , que fue debido a la corrupción en la que cayó Santander que se derrumbó dicha financiación? Por cierto, tal afirmación raya más en la creencia que en la prueba empírica objetiva factible, dado que Bolívar nunca pudo probar a Santander que, de hecho, se revolcaba en la corrupción. Algunos historiadores son incluso enfáticos al demostrar que, por parte de Santander, ¦trató para mejorar la industria, impulsar la agricultura, la minería y la educación en el país.

Por otro lado, y como se ha dilucidado en el análisis ético, y especialmente en el caso colombiano, la corrupción tiene un solo origen y un solo propósito: para mantener y preservar los privilegios de las castas empoderadas en el gobierno de un Estado fallido ; por lo tanto, vale la pena recordar que los primeros síntomas de la maldad de la corrupción en esa gran era colombiana llegaron un poco antes del incendio de las tormentosas relaciones Bolívar-Santander, en su intento de poder. Y para ello, sería conveniente refrescar una anécdota que no deja de ser trascendente de plantear en este contexto, a saber:

Tras el primer préstamo de deuda externa a nombre de la República de Colombia, negociado por dos millones de libras esterlinas, y firmado por Francisco Antonio Zea y los prestamistas ingleses Herring, Graham y Powles (París, 13 de marzo de 1822), se desentrañó la historia de que una vez, mientras tocaba “tresillo” . Bolívar y Santander, en compañía de otros funcionarios (el tresillo) , también llamado rocambor , es un juego de cartas, muy común en España durante el siglo XIX), y como uno derrotará al otro en el juego, entonces alguien entre los contertulios expresó: ah, están los beneficios del préstamo! en el sentido de una ironía mordaz que los burócratas santanderinos habían despojado de parte del préstamo, iniciando así en nuestra historia patria el carrusel de la corrupción con negocios y estafas de todo tipo y estilo.

Así que la desconfianza de Bolívar en el préstamo se aceleraría, en el sentido de sospechas serias de que Santander usó parte de ese préstamo para llenar su faltriquera personal.

Por cierto, esta sospecha nunca pudo ser confirmada contra Santander, dada también la ironía de que, como algunos historiadores subrayan, el que realmente pudo beneficiarse de los fondos del préstamo fue Francisco Antonio Zea, quien lo concertó, y a quien precisamente el propio Bolívar había nombrado embajador en Inglaterra.

Ahora, este Francisco Antonio Zea se convertiría en el tatarabuelo de Fernando Botero Zea, quien se convirtió en Ministro de Defensa aquí en Colombia, quien había oficiado como director de la campaña presidencial de Ernesto Samper, y quien siguiendo sus probados vínculos en el escándalo descubierto a través del famoso Proceso 8000. (para descubrir los vínculos entre el narcotráfico y varios frentes sociales del país), tuvo que dimitir del ministerio y más tarde fue encarcelado en agosto de 1995.

Por otro lado, la otra razón subyacente de esa creciente rivalidad -Bolívar versus Santander- era consistente con la deriva ideológica política que condujo a ambas próceres por caminos cuyos caminos divergentes, centralistas -Bolívar-, o federalistas -Santander-, arraigaban en lo que para casi todos los historiadores fertilizaría el vientre de la génesis de los partidos políticos en Colombia; así lo aclara el historiador Jorge Eduardo Melo: Estos partidos liberales y conservadores, con una validez histórica de 180 años, fueron formalmente configurados en 1848-1849, pero a partir de ese momento pudieron, sin forzar demasiado los hechos, remontarse a los conflictos de 1827 y 1828. Y esos conflictos tuvieron como cabezas a Bolívar y Francisco de Paula Santander.

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Por cierto, en su famoso prurito centralista, la invocación de Simón Bolívar al “totalitarismo necesario” es irónica, en el sentido de las paradojas extremas de la historia. . De hecho, el registro del primer ataque contra el ideal de que el constituyente primario sea el móvil mínimo queda para la historia. de la razón de ser de la democracia real y humana; un ataque de algunos forjado durante esos levantamientos políticos que echaron las raíces de nuestro andamiaje constitucional actual, hiriendo hasta la muerte la validez última de la democracia real protagonista por y para el pueblo , y no meramente representativo de la corte burguesa capitalista.

Pues bien, tal ideal constituyente será demolido para siempre por el Libertador cuando, en el Proyecto de Constitución de la República de Bolivia, en 1826, Bolívar lo estipuló: El Presidente de la República viene a estar en nuestra constitución, como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta autoridad suprema debe ser perpetua; porque en los sistemas no jerárquicos se necesita más que en otros, un punto fijo en torno al cual giran los magistrados y los ciudadanos, los hombres y las cosas.

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Por último, queda por plantear la posibilidad de cuán pertinente sería, resolver la coyuntura exponencial de la corrupción institucional en la nación, y luego como en aquellos años críticos de la disolución de la Gran Colombia, como lo afirma Héctor Pineda en su artículo antes mencionado: Debe usarse el grito de Bolivar: disolver los partidos políticos antes de que la dictadura de la corrupción disuelva la nación€.

Ahora bien, las dos objeciones que se deben hacer a tal sugerencia es que, en primer lugar, y como lo demuestran los hechos históricos, cuando la crisis de las tormentosas relaciones entre Bolívar y Santander alcanzó su punto álgido en torno al dilema de redirigir las riendas o, mejor dicho, disolver la Gran Colombia, los partidos políticos no existían todavía con rigor, en la nación recién formada, tal como lo demuestra la pieza ya citada para este propósito por el historiador Jorge Orlando Melo.

En segundo lugar, centralizando los disensos de las divisiones políticas , aparentemente por lo que sabemos de sus pensamientos sobre el asunto, siempre estuvo en el horizonte del, justamente, centralista Simón Bolívar: en el horizonte de salvar las diferencias para hacer factible que, lo que más nos une, sea lo que nos hace más originales y vitales en medio del respeto a nuestras mutuas particularidades la dialéctica funcional en la perspectiva crítica de, por ejemplo, Gustavo Petro Urrego, para quienes el gran problema de la crisis de la unidad latinoamericana es haber buscado armonía, inter pares , mediante el fomento de lo que más nos parezca, en lugar de fortalecer nuestros lazos mediante lo que más nos diferencia, ya que exige de cada uno reconocer la validez de la “alteridad”. como fundamento de la comprensión fraterna mutua.

Ricardo Antonio Marín Baena

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