Setentayochismo

Setentayochismo

En un momento en que las convicciones brillan en su ausencia, no hay nada como un placebo para el alma. En el marketing político ya los hay de todo tipo, que sí, todos muy dulces: consenso, diálogo, libertad de expresión, autodeterminación, etc. Y siempre una pista que prescribe quién la prescribe. ¿Quién nos iba a decir que la homeopatía iba a ser vista en el mundo de la política?

Uno de esos remedios milagrosos, típico de las brujas y curanderos que pasean por la casa es el constitucionalismo, en nuestra patria podría llamarse Setentaioquismo, ese anhelo de una constitución que genera cada vez más apostasías y que nació mal, pero que se vende como el sumun que nos liberó de una era o edad oscura y nos trajo la mayor era de prosperidad jamás conocida en España.

Durante el grave conflicto que atraviesa el país, con la mitad de Cataluña declarada en rebelión y otras regiones mostrando la nariz en busca de la misma carnaza, se han establecido dos bloques políticos parlamentarios: el independentista y el constitucionalista (así es como se han llamado ellos mismos, nadie inventa nada aquí). Este último, cuando los españoles salieron a las calles para defender a su nación, sólo se escondió en la Constitución de 78, como aquel náufrago que se aferra a la última tabla suelta y gruesa con la esperanza de salvar su vida. No hubo más discusiones. A veces la ficción puede ser útil hasta el punto de mostrar la realidad.

Pongámonos en el lugar de un turista que viene del otro lado del océano para pasar unas largas vacaciones en un país del que nunca ha estado y del que ha oído hablar entre ruidos mediáticos y desde lejos, un país llamado España en el que desembarcó el pasado 1 de octubre. Este turista impactado por los acontecimientos decide seguirlos día a día en los principales medios de comunicación donde recoge las monedas de diez y veinte centavos de ambas. ¿Qué podría deducir del lado constitucionalista? que España nunca existió antes de 1978, que si existió era un pueblo de orcos cuyo nombre es mejor no recordar, que la Historia de España es algo insustancial e irrelevante si lo comparamos con nuestros vecinos europeos, que para sentirse como una nación tiene que pedir permiso y protección a una organización supranacional, que lo único que importa en España es que las empresas no se trasladen de Villarriba a Villabajo, en definitiva que España como nación tiene sólo cuarenta años de historia que merecen ser mencionados y que es un satélite de la Unión Europea.

El viajero expectante ve en las noticias cómo algunos independentistas han sido arrestados y serán procesados por quebrantar una ley, que es la única acusación de los que dicen defender la unidad del país. Si algún día, el viajero decide convertirse en escritor, contar lo que pasó y lo que queda para la posteridad no le hará ningún favor a nadie, y menos aún a España. Sin embargo, no será su culpa, sino la de aquellos que fabricaron tabiques en el pasado y gardenias en el presente.

Continuando con la ficción, supongamos que un español que ha salido a la calle a defender a España coincide con el viajero en una taberna y tiene una conversación, ¿qué le podrías decir para que conozca mejor España y amplíe su espectro?Permítame, señor; España es una de las naciones más antiguas de Europa con una tradición católica de armas y una historia gloriosa; en ese pantano lleno de orcos reinaron los Reyes Católicos, se estableció el primer estado monárquico con división de poderes, se hizo una evangelización apoteósica en América, se dictaron las leyes de las Indias como precedente del Derecho Internacional, los españoles se deshicieron de todos los invasores que tuvieron que soportar. Como si todo esto fuera poco, después de una guerra civil y de que el país estuviera formado por zorros, España fue en cuestión de décadas la octava potencia industrial del mundo, el cuarto sistema educativo de Europa, una de las principales potencias agrarias y turísticas del continente, con un porcentaje mayoritario de clase media y todo ello con bajos niveles de endeudamiento público y desempleo. Ah, Don Quijote no fue escrito por un alemán o un francés, sino por el gran Miguel de Cervantes, y en el mundo de las letras hemos tenido filósofos y literatos de primera línea. Todo esto a lo largo de un período en el que según las malas lenguas (ha habido muchas y variadas) se ha visto un lugar infectado de calambres donde no salen ni las lluvias ni el sol. Después de cuarenta años, de repente un día la dictadura terminó y la luz se iba a encender en España, se iba a redactar una constitución y se iba a proclamar la democracia. Lo mejor estaba aún por venir, durante cuarenta años después de escribir el pergamino del salvador, el jardín del Edén es el siguiente: la tasa de desempleo es una de las más altas de Europa, la deuda supera el PIB anual, la industria española está en su mayoría reubicada, los grandes supermercados han arruinado miles de negocios, la clase media se ha reducido y se ha convertido en una minoría, la solidaridad territorial es inexistente tanto que incluso los usos del agua están en conflicto, Las tasas de fracaso escolar son abrumadoras, España tiene un 25% de jóvenes de entre 16 y 25 años que no estudian ni trabajan, además es campeona de Europa en consumo de alcohol y drogas, la presión fiscal es sofocante, y el suicidio es la primera causa de muerte externa en España.

Después de ese perorato es posible que se sorprendiera y para evitar el oprobio en su propia casa, nuestro compatriota omitió una parte que comienza a ser embarazosa en nuestra historia como pueblo. Los trapos sucios se lavan en casa, pero al menos hay que lavarlos. Así que vayamos al grano ahora que estamos solos:

a) ¿Cómo es posible que en un país que era “espada de Roma y luz de Trento” a Dios se le niegue el pan y la sal en la Constitución en un país de mayoría católica? Preste atención al preámbulo de la Constitución irlandesa, país católico mayoritario también: en humilde reconocimiento de todas nuestras obligaciones con Nuestro Señor Jesucristo, quien sostuvo a nuestros padres a través de siglos de pruebas€ ¦ . Hoy en día todavía el 70% de los españoles se declaran católicos (una cifra que probablemente era mayor hace cuarenta años), ¿no iba la Constitución a velar por la soberanía popular y la democracia, qué queda?

b) La Constitución otorga autonomía a las regiones para que puedan estar tranquilas y velar por sus intereses, al tiempo que se rigen por el principio de solidaridad. ¿No es realmente una contradicción que un padre diga a sus hijos que defiendan sus intereses particulares y que exijan la fraternidad?

c) La nación española es una e indivisible pero al mismo tiempo reconoce la existencia de nacionalidades. Si tales naciones nunca existieron, ¿por qué les conceden tal reconocimiento? ¿Por qué reconoces nacionalidades si no reconoces naciones porque todas ellas forman una sola?

d) En la Carta Magna todos los españoles son iguales ante la ley (como es normal), así que ¿por qué a algunos territorios se les concede el carácter de nacionalidad y a otros no? El menos controvertido es la distinción entre nacionalidades y regiones, o que ciertos territorios sean restaurados con privilegios históricos.

e) Se habla de un Estado de derecho social y democrático€, pero hablar de un estado social es un ambigüedad, todo estado de derecho democrático tiene un alcance social, a menos que se refiera a socialista o socializador en cuyo caso, y se postula en contra de los principios de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político que postulan como valores superiores. De hecho, el texto dice que el Estado social exige que los poderes públicos desarrollen una actividad encaminada a lograr la igualdad material y la libertad efectiva€. Me pregunto desde cuándo la igualdad material y la libertad efectiva son compatibles más allá del ideal masónico de la Revolución Francesa.

f) La lengua española fue subyugada en términos lingüísticos para llamarla castellano€, que una vez fue una lengua del Reino de Castilla. Al mismo tiempo, a otras lenguas que eran sólo regionales se les dio el carácter de lenguas oficiales (territorialmente). Algo que identifica a los ciudadanos de una comunidad llamada nación es la lengua, su lengua vernácula por excelencia, ¿por qué disfrazarla de lo que no es? Defender un principio a través de una regla basada en una mentira suele ser malsano.

Además de las disputas antes mencionadas, existe el problema de su bajo nivel de cumplimiento, que se ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, en las siguientes cuestiones:

  • Existe la presunción de inocencia, pero las leyes y las políticas la violan a voluntad con sus leyes en busca de la tontería electoral (ver por ejemplo la implementación de las leyes de la LGTBI).
  • Si bien se reconoce el derecho a la vida, cada año se practican unos 100.000 abortos.
  • En el ámbito de la educación, las leyes y decretos de las Comunidades Autónomas omiten la libertad de enseñanza en la enseñanza superior y el derecho de los padres a educar a sus hijos, con la nueva normativa de ingeniería social.
  • El derecho a la herencia ha sido violado con fines de confiscación, algo que la propia Constitución menosprecia.
  • El derecho a la propiedad privada ha sido violado por la intrusión ocupa y por algunas leyes que desde la equidistancia dejan indefensos a los propietarios.
  • La libertad de expresión se ve cada vez más castigada por las correcciones políticas, los medios de comunicación, los nuevos grupos de presión y el resurgimiento de la guerra civil.
  • La asignación de recursos públicos no ha sido equitativa entre territorios ni responde a criterios de eficiencia y economía, como lo demuestra la Carta Magna, basta con mirar las enormes desigualdades presupuestarias entre y dentro de las comunidades y la enorme cantidad de gasto público ineficiente.
  • España se ha convertido en un pozo insondable de corrupción parapeto detrás de una parra incontrolable de la AAPP, donde el desvío irregular de fondos y el clientelismo han sido nuestro pan de cada día.
  • La apropiación indebida de los recursos naturales (en particular de los recursos hídricos) por parte de algunas regiones en detrimento de otras, frente a un Estado cohabitante, ha deteriorado aún más las relaciones interregionales y ha disminuido la viabilidad del medio rural.
  • La prohibición expresa de asociaciones secretas se ha pasado al torero, basta con hacer una lista de los templos donde se reúnen los más de 4000 albañiles existentes en España.
  • Si hay algo que se ha demostrado, es que ante la ley, los españoles no somos los mismos. Existe una ley contra la discriminación de los transexuales que son un pequeño porcentaje pero que no encontrarán otra que acoja a personas con síndrome de Down o Asperger, por ejemplo, que sean grupos con un mayor nivel de acoso. El mito de la igualdad.

No creo que sea necesario continuar con el reto de las fechas a las que ha dado lugar el constitucionalismo.

El incumplimiento no sólo se debe a la falta de compromiso por parte de los poderes públicos, sino que en gran medida está en la naturaleza del texto como ambiguo, dualista, sectario y de contenido, fuente de recovecos y subterfugios que facilitan y fomentan su elusión. Una Constitución informativa en cuyo cumplimiento no se ha puesto ningún cuidado ni por los precursores ni por los seguidores. Una Constitución que, para ser inclusiva, acaba dando exclusividad a unos territorios y colectivos respecto a otros, y excluyendo el patrimonio nuclear de la tradición española, el cristianismo.

Finalmente, quería ofrecerles algunos ejemplos del carácter conciliador y no conciliador de aquellos que fueron reconciliados y fraternizados por los aperturistas post-franquistas a la democracia. í‰sta fue la forma de entender la democracia del presidente emérito Felipe González Márquez durante la €˜transición fraternal19: el socialismo puede definirse en grandes líneas como la profundización del concepto de democracia. Es decir, como el desarrollo hasta sus consecuencias últimas de la democracia en el campo político, socio-económico y sociocultural . En otras palabras, no había democracia más allá del socialismo.

Otro constitucionalista, el difunto Don Santiago Carrillo, de vocación comunista y profesión paracuellista, liberó su melena una vez que la Constitución fue aprobada de esta manera: Acabamos de presenciar un acontecimiento inusual: Cortes corporativas fascistas -llamemos a las cosas por su nombre- que se convierten en harakiri, proclaman la soberanía del pueblo, el sufragio inorgánico, el sistema de partidos, la democracia €¦. Es evidente que no estaba muy agradecido al derecho que le había llamado a participar en la transición y en el proceso constituyente.

La coartada de la reconciliación y de acabar con el fantasma de los dos españoles no representa justificación alguna, ya que las manifestaciones anteriores y los hechos contrastantes han demostrado que no hubo reconciliación alguna, sino más bien un café para todos, un salomonismo al estilo ibérico y una distribución de los cortijos, que a la larga han sembrado la discordia, la desigualdad, la falta de solidaridad y todo tipo de injusticias. No hubo una verdadera reconciliación que hubiera requerido una sentada para ver lo que habíamos equivocado en el pasado para llegar a una guerra civil, lo que teníamos que conservar y lo que se podía incorporar, para que todos los españoles se sintieran reconocidos y reconocibles, en cambio, pasamos página y validamos un modelo democrático extranjero (tomando como modelos países europeos muy diferentes de España), con prerrogativas, rompedoras y, por lo tanto, ajenas al ADN de España, con prerrogativas y, por lo tanto, ajenas al ADN de España.

Resultado del proyecto constitucionalista: España queda, treinta y nueve años después, en la estacada, a merced de los designios de la globalización y sin un proyecto común. Hoy, 14 de diciembre, el Parlamento ha aprobado por unanimidad llamar a los animales seres€ en lugar de cosas. Al mismo tiempo, el difunto Víctor Laínez, asesinado por llevar una bandera española, no recibió ni una sola palabra de afecto de los parlamentarios. Aparentemente para ellos todo está en orden. Enhorabuena a los constitucionalistas y mi más sentido pésame al resto de los españoles.

Eduardo Gómez

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