Que el último en irse sea Messi

Que el último en irse sea Messi

Es cierto que, más allá de Pep, el Barcelona ha seguido siendo un equipo ganador. Por ejemplo, hoy, con la Liga y la Copa del Rey casi en el bolsillo, así se podría definir el equipo de Valverde. Y la de Luis Enrique, bueno, de ninguna manera. Desde la Liga de Campeones hasta abajo, se lo llevó todo. Quizás porque, aparte de los nombres, Barcelona encontró la fórmula del éxito. í‰xito que, para no ser injusto para los que luego se han sentado en el banquillo blaugrana, tampoco era ajeno a Tito Vilanova y a “Tata” Martino.

Sin embargo, hay que reconocer que el éxito de Barcelona durante la era Pep, especialmente durante sus tres primeros años, tuvo un plus. Algo que hizo que su éxito alcanzara otra dimensión. La señal icónica. Sí, porque, a diferencia de las versiones posteriores, esa Barcelona era un símbolo. ¡El símbolo de la perfección! Y lo mejor, detrás de él, detrás de ese símbolo, eran todavía más significados: el triunfo de la Masía, el del fútbol total y, en ese sentido, el de Johan Cruyff, el de una lengua sobre otra (aquí es catalán), el de una forma de ser, de sentir y de pensar, el de la libertad contra la opresión impuesta por el imperio centralista.

Ahora, el problema es que este símbolo ha desaparecido gradualmente de la escena. Entre otras cosas, porque los símbolos están encarnados por las personas. Aquí, por jugadores que poco a poco han ido abandonando su lugar. Eric Abidal (2013), Víctor Valdés (2014), Carles Puyol (2014), Xavi Hernández (2015), Dani Alves (2016), Pinto (2014), Masche (2017).

Y es que, sin querer demeritar el talento de los que han venido a ocupar estas vacantes, el alma, la música, la filosofía que, en términos generales, prevaleció entonces no era la del hombre mercenario. Explico, antes, en su inmensa mayoría, que los jugadores tenían un vínculo espiritual con el club. Un ejemplo muy elocuente de ello es el caso de Neymar. Donde el crack va de la disciplina blaugrana por una sola razón: el respeto a sí mismo. Sí, en su corazón nunca hubo una senyera. Lo contrario de casos como el de Pedro o Abidal o Alves o Masche, jugadores que han estado pensando en su futuro profesional pero dejando el corazón en el Camp Nou.

IsaGarcia

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