Los espacios comunes: El arma reglamentaria del relativismo / Opinión

Los espacios comunes: El arma reglamentaria del relativismo / Opinión

Que el relativismo surgió con fuerza para declarar la guerra a la religión y a la moral que conocemos, pero que hoy en día su mayor enemigo es el conocimiento científico, es el último baluarte que estaba a salvo y la credibilidad de la misma está en grave peligro.

No me digan que nunca han sido desafiados en un debate con expresiones como “eso no es tan fácil”, “son muy radicales”, “son muy negativos”, “tienen que ser más positivos”, “son demasiado categóricos”, “lo que dicen que no es proporcional”, “no pueden generalizar”, y así sucesivamente. Es decir, lo que en el mejor de los casos y ser muy pero muy perceptivo sería una conclusión final después de una discusión es travestido de la discusión.

Si buscamos respuestas podemos encontrar a los culpables de tal indigencia intelectual, sin embargo, si nos limitamos a llamar tontos a los portadores de tales comentarios pésimos, no saldremos de un bucle que con toda probabilidad ha sido inspirado exprofeso. Cuando un nuevo modelo de pensamiento inspira nuevos modelos de vida estos a su vez refuerzan el modelo, a la larga el efecto sobre la vulva es devastador.

Este tipo de respuestas automáticas sólo pueden provenir de una visión preestablecida: todas las instituciones actuales relacionadas con el modelo de pensamiento moderno ofrecen una cierta cosmovisión cognitiva cada vez más uniforme a través de los medios de comunicación, la política, la educación y la cultura. Así que subliminalmente dan forma y estructuran nuestra forma de pensar.

Pero eso no es todo, hay otra cara de la moneda, que consiste en sustituir el conocimiento objetivo por una crítica ilegítima. ¿Cómo llamamos a la crítica ilegítima? Aquello cuyas premisas no parten de una base de conocimiento objetiva, de modo que la crítica se convierte en este caso en un impostor de conocimiento y no en una consecuencia del mismo.

Hubo un tiempo no muy lejano en el que las deducciones lógicas del conocimiento objetivo no se discutían bajo ningún concepto, mientras que hoy en día se hacen si representan una amenaza a la nueva corriente de pensamiento (aparentemente nacida como resultado de la evolución del conocimiento) y se convierten con amplia aceptación social en una muñeca pin pan pun, e incluso se ponen en tela de juicio las ideas o hipótesis contrastadas de las que se derivan.

Aquí está el turno de los espacios comunes, que se deslizan a través de los automatismos mentales que aparecen cuando las premisas del vecino dejan el guión preestablecido diariamente por quienes quieren imponer no sólo un modelo de conocimiento basado en la ignorancia, sino un mecanismo de defensa inconsciente y espontáneo de ese modelo, nuestro cerebro genera esos mecanismos espontáneamente cuando sentimos que están sacudiendo la llamada zona de confort, en la que descansa el horizonte cognitivo.

Es en ese momento cuando aparece el fusil de asalto de los espacios comunes para disparar a quemarropa sobre los cimientos objetivos y los peones del ejército relativista actúan a coste cero. Sus expresiones lapidarias con un aroma a axioma cocido acortan el debate y eclipsan el desarrollo de una posición alternativa, por muy legítima y rigurosamente científica que sea.

Es posible discernir dos tipos de espacios comunes; por un lado los dogmáticos (derivados directamente de la filosofía relativista) y por otro lado los operativos (aquellos clichés útiles para una discusión rota y desordenada). Las primeras emanan de comandantes que inoculan tendencias basadas en leyes, reglamentos, propaganda y cualquier herramienta de proselitismo, mientras que las segundas derivan de la creencia pagana en las primeras por parte de los peones de guerra (que no son ni más ni menos que una gran masa crítica completamente manejada) y son las armas lanzadoras encargadas de proteger los dogmas en situaciones de emergencia, es decir, cuando van a ser desmantelados.

El modelo crea automáticamente su propio sistema de defensa basado en dos bastiones (aunque sería mejor llamarlos irracionales): a) fuera de la génesis del pensamiento elástico relativista mayoritario comúnmente aceptado, no hay alternativa válida, porque el mantra de cada uno tiene su verdad€ ha ascendido hace tiempo a la categoría de axioma inatacable b) no es necesario cuestionar nada porque todo es cuestionable.

La contradicción está obviamente presente aquí porque el paradigma relativista, que admite todo tipo de contorsiones y enfoques absurdos y aberrantes en su nombre, basados en una falsa laxitud del conocimiento en todas sus facetas, no admite a su vez ser cuestionado como igual. Es paradójico que el relativismo (que tiene su origen en el siglo V a.C.) sea el icono de la psique postmoderna. Aquellos que cautivos, conscientes o inconscientes, lo han interiorizado en su estructura mental son sus más cálidos defensores y también sus más firmes lacayos. Prueba de ello es el arma reguladora que utilizan en el fragor de la batalla de ideas: los espacios comunes.

Eduardo Gómez

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