Fábulas de hienas, sapos y otras bestias

Fábulas de hienas, sapos y otras bestias

La comunicación política en Colombia se manifiesta como el comportamiento lenguaraz de aquellos animales resabiados que conviven en una selva imperial y que tienen que resolver sus conflictos sociales y constituyen su propio régimen político en el que tres antivalores son las referencias conductuales: la arrogancia, la envidia y la ingratitud.

La arrogancia en la política es la inmoralidad más desequilibrada del principio de igualdad, el politécnico simplemente se jacta de su audacia respaldada por aduladores halagadores, que lo exaltan a costa de la mermelada y de su propia estima y prestigio, terminando desairado y corrompido por el líder arrogante.

Se refleja en el relato de ese viejo león, que se jactaba porque ningún otro irracional podía destronarlo y decididamente sonsacaba le dio como respuesta, que él era el soberano infalible.

Buitres, lagartos y otros lo halagaban y afirmaban que sólo él presidía el poder, pero un elefante aprensivo a cambio de una respuesta le daba una paliza inusual, y así, a punto de desmayarse, se las arregló para rugir plácidamente ante el adusto paquidermo: ¡Detente, no te enojes, sólo porque no sabes la respuesta!

La envidia política es una perversa arbitrariedad sostenida por el poder, presenta sus propias particularidades: indignación, ilegalidad, antipatía crítica derivada del éxito de otros políticos, tirria, falsas acusaciones, ataques verbales, insultos y difamaciones a través de los medios de comunicación, las redes sociales o de hecho; injusticia con la plena intención de perjudicar a los envidiados.

Así como sucedió con ese precioso insecto que brilla con su propia luz, discretamente en la sombra, pero que fue avistado por un sapo fangoso que no dudó en escupirle para hacerle caer, la luciérnaga confundida lo convoca: ¿Qué te he hecho, por qué estás enfadado y violento, por qué me deshonras con tu sucia baba? Porque brillas,! el batracio le confesó.

La ingratitud política, concluyó Bolíšvar días antes de morir, es el crimen más horrendo que un hombre podría atreverse a cometer€, evidenciando que es el ser humano quien política e inteligentemente tiene la capacidad de negar el beneficio recibido, no de redimirlo o de ignorar el favor dispensado.

Así se sorprendió un cigüeña, que frustrado levantó el vuelo después de que extrajo de la garganta del lobo un hueso que amenazaba con ahogarlo, la súplica del feroz hizo que se moviera y confiara en que se lo quitara con gran destreza y esperara gratitud, pero el lobo mostrándole los dientes sólo le escupió: Después de haber tenido tu cabeza entre mis colmillos, me pides una recompensa mayor que perdonarte la vida y liberarte, ahora puedes recitar que arriesgaste tu existencia entre mis dientes.

Parodiar las actuales disputas mediáticas: la hiena se enfrenta al zorro de cola albino, en el afán de atrapar a la paloma nival en su nido, de arrancarle las emblemáticas plumas blancas con las que adornará su trono, a la vez que polariza la selva entre elefantes superpuestos, perros traidores, burros legislativos, turuletas, ratas de cebada, gatos astutos, ganado decente, gacelas indecisas y aquellos sapos que encantados bailan y saltan en su estanque convencidos de que se convertirán en príncipes.

El orgullo, la envidia y la ingratitud se han asentado en la sociedad colombiana con una proyección perversa sobre las nuevas generaciones.

Alfonso Suárez

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