El pollo pata de pato

El pollo pata de pato

Todo lo que oprime a la individualidad, sea cual sea el nombre que se le dé, es el despotismo.

Por la fuerza del destino tuve que despedirme de mi hermano hace unos días. Murió antes de tiempo por el ataque del cruel ataque al corazón -que no le dio otra oportunidad- ni por el uso de los resultados sociales y políticos de los acuerdos de paz aún en curso, en una aplicación indefectible.

Tampoco logró ver más allá de la ruptura del cascarón -el mismo día de su muerte- el grupo de pichones bulliciosos que brotaban de la incubadora aplicados a su investigación, trabajo pedagógico y a la sala de partos de muchos huevos de diferentes aves, a los que profesaba un afecto especial, como los faisanes y colibríes que se alimentaban en su mano. Así, el “pato patito” nació vivaz y achispado, que se enfrentó a la orfandad forzada, y debido al legado familiar, me fue dado en herencia y honor a su “progenitor”.

Es ahora cuando surgen preguntas en la ciencia genética, hereditaria o biológica, que no son de mi conocimiento.

¿De dónde viene con las piernas de un pato? Preguntando por su madre, testifican que ha sido una gallina discreta cuyas aventuras no han transpuesto el gallinero, entonces, de acuerdo a las infidencias, tal “oscuridad extrema” nunca existió en su vida. Entre otras cosas porque genéticamente son dos especies diferentes, lo que no admitiría semejante disparate de la ciencia. Pero, pato es pato y gallina,lo dice.

Entonces, todo lo que queda por pensar es en algún gen mutante, que tiene la propiedad de replicarse en uno de cada cuatro huevos que pone una gallina honesta, y que tiene la suerte de ser incubado, y no frito en mantequilla en el desayuno de Jaime. El tema enreda a científicos y genetistas patólogos.

Lo que pasa es que ahora como mi invitada, cada mañana a medida que los medios de comunicación informan sobre eventos públicos y generales, en el trasegar diario de este mundo confuso y de los eventos propios y regionales se ven ensombrecidos por las extravagancias de la corrupción; los “patos” de pollo, vagabundeando, mirando por encima del pico engrosado, imitando a los que son seguidos, golpeando el dinamismo y la agresividad, como el gallo de pelea: me exhorta a referirme a la conducta humana en el ejercicio político, en comparación con los animales.

Que Gina y Cecilia no están contaminadas y por eso las seguirán, porque el amigo procurador difícilmente las cuestionará. Eso, Claudia López en la campaña se aventurará, mientras que Angélica se pregunta, si será primera dama o dama. Que, el general Naranjo sería vicepresidente, si se convierte en equipo, de la U pasaría a un cambio radical. Eso, el hijo del ex vicepresidente Santos, el primo, resultó en las ligas, mejor con las ligas en marcha, porque encaja más en el rollo de la pasarela. Que, Piedad Córdoba todavía no decide si se lanzará o no o si le operará la celulitis, y prácticamente todo, por la de sacar la cara y el cuerpo para las Farc. Que Benedetti y Mauricio exhibirán sus selecciones en los salones de congresos, pero la vía rápida las desplumará en cuatro y no en ocho sesiones.

Antes, el montón de noticias duales que incluyen, a la mentira o a la verdad para aclarar, en cuanto a la posesión de Trump, el presidente de Colombia no estaba, porque no fue invitado o tuvo que abrir clases en una escuela rural, un sábado al amanecer. Las patas de pollo, que todo lo ha percibido y creo que, incluso escarbando, mirándome fijamente a los ojos, me pregunta telepáticamente. Por fin, ¿qué soy, un pollo o un pato?

No sé qué responder.

Alfonso Suárez

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