Desigualdad, una palabra que no debería existir

Desigualdad, una palabra que no debería existir

Muchas personas pueden encontrar repulsiva la pregunta de cuánta desigualdad es suficiente, aunque muchos no lo ven de esa manera, desigualdad es una palabra que no debería existir.

Norteamérica es hoy uno de los lugares más desiguales del mundo , ya que sólo el 10% de sus habitantes reciben más del 50% de los ingresos, mientras que en Gran Bretaña ese 10% posee el 40% del capital. Otros símbolos de desigualdad de las grandes naciones son India y China.

Aunque a principios de la década de 90´, muchas personas han mejorado su calidad de vida, los expertos insisten en erradicar esta enfermedad por completo, pero en muchos casos varían en los niveles de tolerancia que se manejan actualmente.

El crecimiento del capitalismo

Según Deidre McCloskey , profesora de economía de la Universidad de Illinois, desde la revolución industrial de finales del siglo XIX se han equiparado los niveles sociales, porque aunque muchos no están de acuerdo con este método polémico, para Deidre el capitalismo no es el eje del problema, sino todo lo contrario, y afirma que para erradicar la desigualdad no se trata de quitarles la forma a los que tienen más, sino de dársela a los que tienen menos.

Este controvertido método del capitalismo pone en discordia a dos grandes grupos, los que piensan como McCloskey y los que creen que la distancia entre los pobres y los ricos pone a toda la sociedad en jaque.

Según Jared Bernstein, asesor económico de Barak Obama hasta 2011, la escasez de ingresos de las clases media y baja obliga a recurrir a préstamos que perjudican el crecimiento económico.

Bernstein añade que muchas familias carecen de dinero para invertir en educación, dejando a las generaciones futuras sin la oportunidad de una formación profesional.

Incentivos

McCloskey cree que la desigualdad ha sufrido altibajos en estos años , aunque cree que la relevancia de este tema se ve reforzada por un ligero aumento en estos días.

Hoy en día, los altos ejecutivos de las empresas estadounidenses ganan 200 veces más que el trabajador promedio, 10 veces más de lo que ganaban a mediados del siglo pasado.

Aunque muchos han sugerido limitar los salarios, McCloskey se opone firmemente, diciendo que la regulación no reducirá la desigualdad y que esta opción podría perjudicar la competencia al reducir el incentivo para generar riqueza trabajando duro.

Pero para Bernstein, la amplia banda de desigualdad salarial conspira contra el incentivo de que el trabajo duro sea recompensado.

Todo un debate que, en nuestra opinión, debe ser resuelto.

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