De la corrupción a la pudrición

De la corrupción a la pudrición

Si no luchas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás siendo parte de ella

Superar la evidencia cierta, que su alumna de 8 años de escolaridad, trabajaba como vendedora prolija de drogas en la institución, donde se desempeña como Rectora -acordando diligentemente el manual de convivencia- para convocar a los padres a fin de comunicar tal revelación e imputación a su hija, lo que afecta seriamente el ambiente escolar. El padre estaba presente y escuchó la queja del rector, a quien respondió categóricamente, sin ningún indicio de aprensión: “¿Qué quieres que haga? Sí, ese es mi trabajo en la calle, vivimos de eso y si no puede hacer algunas venticas en esta escuela, entonces la llevaré a otra”, no hace falta más!

í‰sta no es ni cómica ni fábula, recreada para ilustrar alguna hipotética situación vivencial, es una realidad ocurrida en una población de los que rodean la veta de carbón, explotada por las multinacionales, en los barrios de La Jagua de Ibirico, Curumaní, Becerril, Chiriguaná y su epicentro operativo en el corregimiento La Loma del municipio de El Paso, en el departamento del Cesar.

Pero no son las empresas mineras las que tienen toda la culpa de este resultado, que seduce con la reflexión de un escenario patético adornado anti-culturalmente con lo peor del estilo de las comunidades de otras regiones, y que han emigrado a estas tierras, quizás huyendo a otro ambiente cambiando de origen, y que debido a su inclusión en la fachada, logran influir en la vida de los jóvenes y otros nativos, jactándose de que este es el camino civilizado, el que finalmente se ha conectado con estos ambientes de pueblos condicionados, incluso con costumbres, tradiciones y respeto a ciertos valores morales.

Lo delicado de todo esto es que no se trata de un acontecimiento casual y aislado -no-, mucho menos exclusivo de una región, sino de la confesión de los antivalores arraigados en estas comunidades embrionarias, que ahora conducen a desgracias sociales como la prostitución infantil, la delincuencia juvenil, la drogadicción y todo tipo de acciones contrarias al concepto de buenas personas y ciudadanos responsables.

La educación personal proviene de la mínima formación obtenida en esa trilogía hogar-escuela estado. Los niños de hoy copiarán el formato tolerante de sus padres, para fortalecerlo en la escuela con el intercambio de conocimientos, disciplina e interacción social, y entrarán en la urbanidad cívica y la participación responsable en la política y en el desarrollo activo del país, tan pronto como se alcance la madurez.

Es preocupante que el Estado ofrezca su política paternalista, clientelista y facilitadora para cazar seguidores de los políticos y gobernantes del momento, a través de la asistencia con bienes y servicios, y el recién institucionalizado acto de corrupción, que implica regalar casas a cambio de compromisos electorales, en lugar de dedicar esos recursos a mejorar y promover la educación, fortaleciendo el sistema con maestros mejor capacitados y mejor pagados y con programas blindados contra los que buscan ganancias, a expensas de la ignorancia del pueblo, que en el futuro podría afianzarse con más indolencia e indiferencia, regímenes abusivos, configurados bajo el imperio de la mentira, el cinismo y la corrupción.

Por lo tanto, sería bueno que los actuales alcaldes y líderes regionales salieran y cerraran con programas locales de reeducación social y terapia para mejores técnicas de convivencia, la inclusión de estos antivalores clavados por extraños o migrantes, en su afán por contaminar la vida social, para hacer lo que en su génesis nunca tendrían por su oscura esencia, pero aquí brotan como una vena de cielo abierto.

Alfonso Suárez

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