Colombia debe sacudirse de la herencia del Frente Nacional

Colombia debe sacudirse de la herencia del Frente Nacional

La propuesta de crear lo que se conoció como el Pacto de Benidorm, o más comúnmente conocido como el Frente Nacional en Colombia, fue presentada por el líder liberal Alberto Lleras Camargo a su oponente conservador exiliado en España, Laureano Gómez Castro, y firmado por estos líderes de los partidos mayoritarios, el 24 de julio de 1956, con el propósito de separar del Gobierno al dictador Gustavo Rojas Pinilla, soldado que el 13 de junio de 1953 había tomado el poder, vale la pena decir, con el apoyo de importantes grupos políticos, la iglesia y los sindicatos.

Del mismo modo, el Frente Nacional fue proclamado como respuesta a la violencia partidista, aceptando el “reparto” de la burocracia en partes iguales, entre liberales y conservadores, durante cuatro períodos presidenciales entre 1958 y 1974, Los presidentes Alberto Lleras Camargo 1958-1962 (Liberal), Guillermo León Valencia 1962-1966 (Conservador), Carlos Lleras Restrepo 1966-1970 (Liberal) y Misael Pastrana Borrero 1970-1974 (Conservador) fueron elegidos bajo este pacto.

Ahora, aunque el Frente Nacional logró apaciguar la violencia entre liberales y conservadores, también estimuló la consolidación de la lucha guerrillera, con el apoyo del comunismo mundial y como respuesta política de la extrema izquierda a la injusticia social imperante y a lo que ellos consideraban una clara exclusión democrática, alentando la creación de grupos como las FARC, el ELN, el EPL y el M-19, una situación de violencia que posteriormente también explica el nacimiento de sangrientos grupos paramilitares en el país.

Sin evaluar si el Frente Nacional trajo algún beneficio al país en términos sociales y económicos, es claro que dejó un legado dañino en la política colombiana, manifestándose en una enorme pérdida de credibilidad y deslegitimación de las instituciones democráticas, con una fuerte apatía por parte de la población frente a las posibilidades que ofrece una democracia para resolver problemas fundamentales, consolidando un alto abstencionismo electoral y apuntalando el poder de algunos partidos políticos que carecen de ideología y de respuestas consistentes a las necesidades fundamentales del país, ya que su ideología murió o se durmió en las amargas mieles de la distribución burocrática, el clientelismo y la contratación pública.

Una vez terminado el Frente Nacional, este deterioro de la cultura política colombiana ha alcanzado su máxima expresión con el avance del narcotráfico y el deseo de un enriquecimiento fácil, lo que en última instancia se traduce en la dañina corrupción que impregna todas las expectativas de poder, abrumando al país y dificultando su salida del subdesarrollo.

Con las costumbres derivadas del compartir el poder€ entre liberales y conservadores, heredadas en gran parte del Frente Nacional, el clientelismo y la política no han permitido el avance de una verdadera política, por lo que, hoy en día, con nuevos partidos en nuestro escenario político, no son más que agregaciones clientelistas acomodadas al poder del momento o grupos con liderazgos de carácter caudillista, que defienden intereses particulares claros y, casi siempre, carentes de identidad ideológica y sin respuestas sólidas a los seriosos problemas que angustian al país.

De esta manera, la corrupción se ha consolidado en los órganos de representación política, como el Congreso, las asambleas departamentales y los consejos, cuyos representantes permanecen abstractos y gestionados por el protagonismo del poder ejecutivo.

Está claro que, bajo el reprensible matrimonio bipartidista del Frente Nacional, no era posible pensar en un esquema efectivo de control y menos oposición y, después de este nefasto pacto, lamentablemente, sigue existiendo la falta de garantías para una oposición real al gobierno en el poder y a sus mayorías, pero sobre todo, porque la política y el clientelismo forman parte de la fauna política autoprotegida por la corrupción o mejor dicho, por los corruptos que se benefician de ella.

Con partidos sin identidad ideológica y política, la democracia se debilita y los ciudadanos se inclinan más a inclinarnos erróneamente, cayendo a menudo en devociones a dudosas idiosincrasias carismáticas o, peor aún, en la compra de conciencias a través de presupuestos públicos o de financiación ilegal y, en el mejor de los casos, la gente acaba votando a favor de simpatías personales y no a favor de propuestas o programas que pretenden responder a nuestras realidades y necesidades.

Aunque el Frente Nacional es parte de nuestra historia, no podemos olvidar que estuvimos gobernados durante muchos años por la estructura conservadora de la Constitución de 1886, evidentemente con importantes reformas y luego con nuestra Carta de 1991, con muchas reformas para su corta vida, pero quizás la que debe destacarse por este escrito es la pérdida de equilibrio de poderes que significó la discutida reforma aprobada para la reelección presidencial de Álvaro Uribe, ahora prohibida, luego de la reelección de su sucesor Juan Manuel Santos.

Esta reforma, que permitió las anteriores reelecciones, significó la destrucción del sistema de pesos y contrapesos, proyectado como garantía del equilibrio de poderes y, aunque no es la única causa del alto nivel de corrupción que existe actualmente en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, ya que, como se ha señalado, existen importantes razones históricas como la herencia del Frente Nacional y otras como la cultura del dinero fácil y el narcotráfico, Es innegable que ha contribuido a su desbordamiento y especialmente a la pérdida de legitimidad de las diferentes instituciones del Estado, situación que se explica y agrava por los continuos escándalos que se manifiestan a todos los niveles, incluyendo, lamentablemente, hechos que involucran a fiscales, jueces e incluso a algunos miembros de los tribunales superiores del país.

Así, con un sistema de justicia que ha perdido peligrosamente su credibilidad y que necesita urgentemente ser reformado, los innumerables escándalos de corrupción que comprometen los diferentes poderes del Estado y del sector privado, con casos tristemente famosos como REFICAR, ODEBRECHT, CONTRATAR CARRUSELES EN BOGOTí, SALUCOOP, CARRUSELES DE SALUD, CARRUSELES DE TOGA, CARRUSELES DE TOGA, SOBRE ALIMENTOS ESCOLARES, EL GUAVIO, FONCOLPUERTOS, DIRECCION NACIONAL DE ESTUPEFACIENTES, INTERBOLSA, entre muchos otros, nos obligan como colombianos a buscar un cambio efectivo de nuestros líderes.

La tarea no es fácil y los colombianos no lo lograremos si seguimos eligiendo a los de siempre, por eso la consigna, a partir de ahora para las próximas elecciones, no debe ser más de lo mismo, no nos quedemos con los que siempre rompen la esperanza del país, por eso, para la Presidencia y la Vicepresidencia, no más gente de la corte de Uribe, no más Santos, no más Vargas Lleras, etc. y en las diferentes corporaciones públicas votemos con responsabilidad y sobre todo castiguemos a los corruptos.

Recientemente, los resultados de la elección atropical para la alcaldía de Yopal, el pasado 26 de noviembre de 2016, con un candidato apoyado por la Coalición Colombia que hoy integra la Alianza Verde de Claudia López, el Polo Democrático de Robledo y el Compromiso Ciudadano de Fajardo, con una clara identificación de la lucha contra la corrupción, aunque con un resultado ajustado, Frente a los candidatos del Centro Democrático y del Alcalde indocumentado Calzones, obtuvieron una victoria significativa con el alcalde electo René Leonardo Puentes Vargas, lo que nos muestra que a nivel nacional será igualmente difícil, pero ciertamente es posible ganar con una opción de cambio y una bandera social sin corrupción.

En estas elecciones atropicales para Alcalde de Yopal, según los resultados del Registro Nacional de 105.891 ciudadanos con derecho a voto, sólo 51.474 ejercieron su derecho a votar, o el 48,61%, el candidato de la Coalición Colombia obtuvo 16.522 votos, el partido Centro Democrático de Álvaro Uribe muy fuerte en Casanare con 14.576 votos, la Elección Ciudadana del destituido alcalde “Juan Calzones” con 8.614 votos y la Alianza Social Independiente con 6.485 votos.

Aunque la abstención sigue siendo muy alta, los resultados anteriores nos llevan a soñar con la esperanza de que Colombia empiece a pensar de manera diferente y que el cambio sea posible en las urnas, la pelota estará en las próximas elecciones en nuestra cancha y nuestro deber será votar de manera responsable y objetiva, castigando especialmente la corrupción y la continuidad que nos mantiene en el subdesarrollo, en un país con grandes posibilidades, pero que hoy en día es uno de los más desiguales e inequitativos del mundo.

Los electores tienen una gran responsabilidad en las próximas elecciones, cumpliendo con nuestro deber de votar consciente y responsablemente, pero los que hoy en día en la política levantan en Colombia no sólo la bandera de la paz, sino también la de la lucha contra la corrupción, deben buscar coincidencias para que juntos podamos enfrentarnos a los aplanadores del clientelismo y a los oscuros y decadentes daños de los cacicazgos que mantienen al deshonesto en el poder.

Lamentablemente, al escribir esta última línea escucho en las últimas noticias que la reforma política absolutamente necesaria que se aprueba en el Congreso para garantizar un mejor ejercicio democrático está agonizando en el Senado, afirmando los intereses de quienes se aferran al poder a toda costa, pero a pesar de todas las dificultades, aquellos de nosotros que creemos que el cambio democrático es posible, debemos mantener viva la esperanza.

Josí© Alfredo Moncayo Arenas

Compártelo con tus amigos! var td_screen_width=window.innerWidth;if(td_screen_width

Cerrar menú

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies