Coacción y coerción perdida del Estado colombiano

Coacción y coerción perdida del Estado colombiano

Los miembros de una comunidad deciden abandonar el estado de la naturaleza, privándose de su libertad y de su autonomía absoluta, para someterse a los vínculos de una sociedad civil, basada en un acuerdo con otros hombres, llamado por Rousseau como el Contrato Social€, donde pueden vivir juntos de una manera cómoda, segura y pacífica. Pero este pacto conlleva una obligación permanente del Estado, que es ésta, de garantizar, mediante coacción y coacción legítima, el control de los hombres que intentan violar los bienes legalmente protegidos por el ordenamiento jurídico, basándose simplemente en el temor a la sanción que ciertos hechos puedan tener como consecuencia.

En Colombia, en los últimos años se ha observado que el Estado ha perdido legitimidad, que los ciudadanos ya no respetan ni temen las sanciones establecidas en el sistema legal, ya sea por necesidad, debido a interpretaciones tendenciosas de las normas y sus “vacantes”, porque algunos delitos o conductas antijurídicas no tienen sanción proporcional, otros no tienen sanción (evasión de impuestos), y algunas personas no le temen a una prisión que casi nunca en la historia ha tenido un buen índice de resocialización y no reincidencia, que están en constante hacinamiento y donde se consiguen nuevos amigos para continuar con la delincuencia.

De acuerdo con el mecanismo llamado: En el Censo Criminal de la Fiscalía, entre enero y agosto de 2016, se registraron 757.737 delitos, sin contar los que no fueron denunciados por la población y el período comprendido entre agosto y diciembre; también se observa que el 2015 se cerró con 757.187 delitos, cifra que no ha cambiado mucho. Por otro lado, una investigación publicada por la empresa de análisis de riesgo “Verisk Maplecroft”, que evalúa los riesgos para las poblaciones, empresas y economías de crímenes violentos en 198 países, posiciona a Colombia como el duodécimo país con mayor índice de criminalidad, una cifra muy preocupante.

Además de las cifras anteriores, la congestión judicial existente debido al aumento en el número de procesos laborales y de seguridad social, administrativos, civiles, tributarios, comerciales, entre muchos otros; en Colombia, la realización de acciones antijurídicas se está convirtiendo en una costumbre; Un ejemplo de lo anterior es que los sujetos de derecho no asisten a conciliaciones prejudiciales (se debe crear una jurisdicción especial para la conciliación, pero es un tema aparte), no se responde a las tutelas o juicios, no se cumplen las sentencias dictadas una vez, sino que esperan que se les presenten innumerables incidentes de falta de respeto (otro mecanismo que conduce a la burla del sistema legal), y luego comienzan a cumplir.

Otro problema visible es la notificación de las decisiones judiciales, en Colombia se burlan abiertamente de los fallos, sólo para decir que no han sido notificados de una sentencia determinada, en los casos en que todo el mundo ya conoce esa sentencia; incluso los tribunales superiores ya no son tomados en serio, y es un problema que el Estado colombiano debe resolver muy rápidamente y al que no está prestando atención, pero que cada día se hace mucho más grande.

Finalmente, es necesario mencionar la corrupción política sin desvergüenza, Colombia está absolutamente polarizada entre los bandos y el odio personal, que a pesar de haber sido condenados a servidores públicos que cumplieron con sus funciones en ciertos mandatos, siguen hablando de tener un historial limpio; lo anterior, sumado a los constantes escándalos publicados de políticos y diversos sectores de la sociedad involucrados en temas como los carruseles de reclutamiento. Si bien es cierto que estos temas nunca van a terminar y menos en una sociedad como la colombiana, tenemos que luchar porque cada día hay menos casos de ellos, y tratamos de limitarlos lo más posible.

Colombia ha perdido casi totalmente su poder coercitivo y coercitivo, lo que significa que, como dijo Hobbes en el Leviatán, si no se ha instituido un poder lo suficientemente grande para la seguridad de la población, cada uno podrá confiar sólo en su propia fuerza para protegerse de los demás. Este es un tema que debe recibir la atención que merece, pero mientras tanto, trate de mantener todos los documentos que surgen en sus relaciones legales, trate de mantener el mayor cuidado posible mientras camina por las calles, ore por la seguridad de Dios y tenga a mano el número de un muy buen abogado.

FredySocarras

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